Hoy, y desgraciadamente, como cualquier otro día, me encontraba en el último vagón del cercanías con destino Fuengirola volviendo de una infernal jornada de explotación estudiantil. La superpoblación del último tren del día suele ser preocupante para cualquier ser vivo que pretenda respirar algo parecido a oxígeno, aunque curiosamente justo hoy la holgura en el vagón era notable, incluso cabría un balón de fútbol entre persona y persona. En la segunda parada sube un señor con pelo rizado, negro y largo que se sienta en el asiento contiguo al mío con una torpeza de movimientos digna de admirar. Ese señor fue mi profesor de Fundamentos de Física durante mi primer año de carrera en una ingeniería. Obviamente, no me reconoce, ese tipo no reconocería ni a su madre a dos palmos debido a un acartonamiento mental de proporciones bíblicas. Esbozo para mis adentros una pequeña sonrisa.

Cuando uno estudia una carrera como una ingeniería debe estar preparando para recibir guantazos. Un guantazo tras otro, y sin descanso para ponerte hielo en las heridas, y eso lo saben todos los ingenieros potenciales que ya han alcanzado el segundo curso. El reciente rollo de Bolonia (nunca puedo hablar de ese dichoso plan sin pensar en la mortadela) no sé como habrá dejado las cosas, pero el ambiente general de una ingeniería es de calculadoras, tráfico de apuntes, clases de dos y de tres horas que se llevan mejor con estupefacientes, y, ¿por qué no? algo de locura y desquicio cerebral.
Las visiones aspiracionales de alguien que va a entrar en una ingeniería son del palo de: "Entro, a los 4 años salgo limpio y haciendo prácticas en empresa con contrato laboral fijo, 14 pagas anuales, dos Jaguar aparcados en el garaje y un harén de filipinas". Lo mejor de todo es que cuando vas a ver las presentaciones de los alumnos de primer curso como puro hobby, es lo que se les refleja en sus caras iluminadas, sus brillantes globos oculares y su sonrisa esperanzadora. La carcajada es inevitable de contener.

"¡Dense prisa con esas obras, que ya están listos los tanques con lágrimas de niños etíopes para llenar la piscina!"
