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miércoles, 16 de febrero de 2011

O sea, viajar en tren es súpercutre

¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Sí? Estupendo.

Como ya habrán notado (o quizá no), han pasado varias semanas desde la última entrada. Hay quien lo achaca a los exámenes universitarios, hay quien dice que es culpa de la falta de ideas, otros afirman que se debe a la pereza… Yo, personalmente, prefiero echarle la culpa a Bob, que para eso es el nuevo. Así, sin más.

Tras haber limpiado mi conciencia, paso a relatarles lo que ha tenido lugar ante mis ojos hoy en mi amado Cercanías Valencia-Castellón:

Estaba yo sentado tan ricamente, leyendo Regimiento monstruoso, del gran Terry Pratchett, cuando mi sentido boinácnido se ha activado. Un cuarteto de niñas pijas (o no tan niñas, que tendrían unos veintidós años) recorría el vagón buscando dos parejas de asientos donde aposentar sus panderos enfundados en ropa de marca. Y, ¿a qué no adivinan dónde han ido a parar? Correcto. A mi lado.


«O sea, pero qué fuerte, ¿no? Y hay gente que no tiene jet privado ni nada y tiene que ir en tren todos los días…»


Iluso de mí, he intentado seguir con mi lectura, pero el nivel de decibelios que alcanzaban sus graznidos lo han hecho imposible (además de conseguir que el Gobierno haya declarado el vagón zona ZAS), por lo que me he limitado a escuchar lo que decían. Y qué cosas decían. Mentes preclaras las suyas, sobre todo la de nuestra protagonista, que llevaba la voz cantante. Sin más preámbulos, les dejo con extractos de sus gloriosas perlas. Por desgracia, son todas reales:

sábado, 18 de diciembre de 2010

Pasajeros

“Oh, the passenger
He rides and he rides
He sees things from under glass
He looks through his window’s eye
He sees the things he knows are his”
The Passenger, versión de The Jolly Boys


Terry Pratchett dice que sólo hay un puñado de personas en el mundo, y que éstas se van repitiendo más o menos. Tal vez eso explique por qué a menudo podemos clasificar a la gente en distintas categorías, como ya hizo el mostrenco Sydmus en su anterior entrada.

Pues bien, hoy, yo, Un tipo con boina, acometo una no menos difícil tarea: traerles una lista de los distintos tipos de pasajeros con los que se pueden encontrar si se enfrentan a la misión suicida de coger un tren de cercanías:


- El Acaparador: Todos lo conocen, tal vez incluso pertenezcan a su pérfida alianza. Son esos pasajeros que no sólo ocupan su asiento, sino que desperdigan todas sus pertenencias por los asientos que le rodean. La mochila, el bolso, una pila de periódicos, una escopeta recortada… Todo esto no tendría importancia si el vagón estuviese semivacío, pero es que estos individuos no se inmutan ante nada. Si el vagón está lleno, no quitarán sus bártulos hasta que no les digas un “si me permites…”, que, en realidad, quiere decir “quita tus mierdas del asiento para que pueda sentarme yo, hideputa”. Eso sí, mientras desmontan su campamento, te dedicarán una mirada de odio fulminante.


“Que sí, que ya quito las cosas…”


- Las Pregoneras: Generalmente son féminas con problemas de sobrepeso, que no tienen otra cosa que hacer que contar sus intimidades a voz en grito, no sea que haya algún pasajero que no se entere de que la Yoli tiene un quiste en el ovario izquierdo. Se las considera extremadamente peligrosas, si se las encuentran, no intenten subir el volumen de sus iPods: ES INÚTIL. Lo mejor es que se cambien de vagón, o, en su defecto, rompan el cristal y se tiren por la ventana.