¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Sí? Estupendo.
Como ya habrán notado (o quizá no), han pasado varias semanas desde la última entrada. Hay quien lo achaca a los exámenes universitarios, hay quien dice que es culpa de la falta de ideas, otros afirman que se debe a la pereza… Yo, personalmente, prefiero echarle la culpa a Bob, que para eso es el nuevo. Así, sin más.
Tras haber limpiado mi conciencia, paso a relatarles lo que ha tenido lugar ante mis ojos hoy en mi amado Cercanías Valencia-Castellón:
Estaba yo sentado tan ricamente, leyendo Regimiento monstruoso, del gran Terry Pratchett, cuando mi sentido boinácnido se ha activado. Un cuarteto de niñas pijas (o no tan niñas, que tendrían unos veintidós años) recorría el vagón buscando dos parejas de asientos donde aposentar sus panderos enfundados en ropa de marca. Y, ¿a qué no adivinan dónde han ido a parar? Correcto. A mi lado.
Iluso de mí, he intentado seguir con mi lectura, pero el nivel de decibelios que alcanzaban sus graznidos lo han hecho imposible (además de conseguir que el Gobierno haya declarado el vagón zona ZAS), por lo que me he limitado a escuchar lo que decían. Y qué cosas decían. Mentes preclaras las suyas, sobre todo la de nuestra protagonista, que llevaba la voz cantante. Sin más preámbulos, les dejo con extractos de sus gloriosas perlas. Por desgracia, son todas reales:
Como ya habrán notado (o quizá no), han pasado varias semanas desde la última entrada. Hay quien lo achaca a los exámenes universitarios, hay quien dice que es culpa de la falta de ideas, otros afirman que se debe a la pereza… Yo, personalmente, prefiero echarle la culpa a Bob, que para eso es el nuevo. Así, sin más.
Tras haber limpiado mi conciencia, paso a relatarles lo que ha tenido lugar ante mis ojos hoy en mi amado Cercanías Valencia-Castellón:
Estaba yo sentado tan ricamente, leyendo Regimiento monstruoso, del gran Terry Pratchett, cuando mi sentido boinácnido se ha activado. Un cuarteto de niñas pijas (o no tan niñas, que tendrían unos veintidós años) recorría el vagón buscando dos parejas de asientos donde aposentar sus panderos enfundados en ropa de marca. Y, ¿a qué no adivinan dónde han ido a parar? Correcto. A mi lado.
«O sea, pero qué fuerte, ¿no? Y hay gente que no tiene jet privado ni nada y tiene que ir en tren todos los días…»
Iluso de mí, he intentado seguir con mi lectura, pero el nivel de decibelios que alcanzaban sus graznidos lo han hecho imposible (además de conseguir que el Gobierno haya declarado el vagón zona ZAS), por lo que me he limitado a escuchar lo que decían. Y qué cosas decían. Mentes preclaras las suyas, sobre todo la de nuestra protagonista, que llevaba la voz cantante. Sin más preámbulos, les dejo con extractos de sus gloriosas perlas. Por desgracia, son todas reales:


